MUNDIAL.
Miles
de personas protestaron ayer en varias ciudades italianas contra la
política económica del gobierno del primer ministro Enrico Letta.
Los mayores desórdenes se registraron en Roma, Turín,
Florencia, Milán y Palermo, según reportó la policía, que señaló que en
la
capital fueron arrestadas dos personas, mientras que dos agentes del orden resultaron heridos durante los enfrentamientos.
La policía indicó que los manifestantes también cerraron la frontera
con Francia en Ventimiglia, lo que obligó a la intervención de las
fuerzas del orden.
La llamada “protesta de los bielgos” fue inicialmente
convocada por agricultores y pastores, pero a ella se sumaron otros
sectores de la población como desempleados, autotransportistas o
estudiantes, que rechazan la política económica del gobierno. El jueves
pasado, Roma fue una de las
ciudades
más afectadas por las protestas con cierres de avenidas y el
lanzamiento de petardos en la Universidad La Sapienza, donde eran
esperados el presidente y el primer ministro, Giorgio Napolitano y
Enrico Letta.
Napolitano y Letta, quienes debían participar en una conferencia sobre economía “verde”, cancelaron su asistencia.
Además, el Ejecutivo aprobó ayer por decreto ley la eliminación de la
financiación pública de los partidos políticos. En 2014 recibirán un
40% menos y la reducción será progresiva hasta que, a partir de 2017,
sean por entero los ciudadanos quienes, a través de donaciones
transparentes o contribuyendo con el 0.2% de la declaración de la renta,
sostengan por entero a sus políticos, informa el diario “El País”.
La abolición de la financiación pública de los partidos y la reforma
de una ley electoral apodada “la cerdada” -cuya característica principal
es convertir en ingobernable el país- eran, en teoría, dos de los
compromisos prioritarios del gobierno presidido por Enrico Letta. En
parte por convicción y en parte porque constituían dos caballos de
batalla muy eficaces sobre los que el Movimiento Cinco Estrellas (M5S)
de Beppe Grillo basaba su sintonía con un electorado muy harto de la
incapacidad de la política para regenerarse.